Por la vida de las mujeres: ¡Fuera trasnacionales!

Nosotras, mujeres campesinas, ribereñas, indígenas, afectadas, negras y sin tierra, denunciamos cotidianamente -con acciones en todo el mundo, y especialmente en el día 8 de marzo- la extrema gravedad de la situación de violación de nuestros derechos. Denunciamos la súper explotación de nuestro trabajo, nuestros cuerpos y territorios; la violencia generada por el modelo capitalista y patriarcal de la sociedad. Denunciamos la privatización del agua, la destrucción ambiental y su incidencia en el cambio climático, generadas por este sistema concentrador de riquezas y poderes, que se materializan en la actuación de las grandes corporaciones.
En los últimos 40 años, las empresas transnacionales y los Estados que las apoyan construyeron lo que llamamos de “arquitectura de la impunidad”, un esqueleto normativo confuso (PROLIXO) para proteger sus tasas de lucro, que incluye acuerdos y tratados de libre comercio e inversiones, resoluciones de instituciones financieras como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, mecanismos de resolución de conflictos inversor-Estado, que dan un enorme poder económico, político y jurídico a las empresas trasnacionales.

La cara más oprimida por este sistema somos nosotras: las mujeres. Las que componemos la mayoría de la población debajo de la línea de pobreza; las refugiadas en busca de trabajo, tierra y agua; las que vemos nuestros deseos y prácticas transformadas en información cuantificable para que las empresas farmacéuticas vendan más medicamentos o la industria de la “belleza” aumente sus ganancias, las que sufrimos con los incómodos de la menstruación. La pérdida de los bienes colectivos y la privatización de los bienes y el patrimonio público nos afecta directamente, ya que el patriarcado nos ha relegado al papel social de cuidar de nuestras casas y familias. Todos estos pesares están directamente ligados a la actuación de estas empresas en nuestros territorios, que transforman nuestra vida y comportamiento en mercancías.

También precisamos resaltar la violencia, la amenaza de violencia y la guerra. Son muchos los casos de abuso sexual y asedio en mega-emprendimientos que involucran a los grandes grupos económicos. Además de esto, la guerra que destruye los medios de subsistencia, deja poblaciones enteras sin empleo, mantiene mujeres, hombres, niñas y niños prisioneros en sus propias casas, y provoca todo tipo de fundamentalismos. Estas guerras son impulsadas por la industria militar transnacional y por los intereses por los recursos naturales de los pueblos.
Por eso, afirmamos que los lucros de estas grandes corporaciones están ligados, se reinventan y se refuerzan con el patriarcado. De este modo, las estrategias de supervivencia e insurgencia contra este sistema que vienen siendo usadas por las mujeres en diferentes espacios y territorios están constantemente amenazadas por los intereses económicos del gran capital. Estos intereses exacerban las desigualdades, ya que las grandes obras de infraestructura –como represas, rutas y ferrovías- priorizan la circulación de capitales y mercaderías en detrimento de las condiciones de vida de las comunidades. El acceso al agua, la energía y la tierra para producción de alimentos y biodiversidad, son elementos que garantizan el sustento de la vida. Son de interés de las mujeres, ya que ellas son las primeras que sufren cuando hay escasez.

Luchamos por una sociedad con pleno empleo para mujeres y hombres, una sociedad donde las personas tengan de tiempo libre suficiente para sí mismas, para participar de sus comunidades; una sociedad donde las mujeres y los hombres que deseen vivir de la agricultura, de la artesanía, de las pequeñas empresas o grupos productivos asociativos puedan mantenerse sin verse triturados por bancos y grandes empresas especialmente trasnacionales que buscan concentrar los recursos en sus manos. Luchamos para que el Estado tenga políticas que garanticen rentas en caso de enfermedad, desempleo, maternidad y paternidad y jubilación; para que el trabajo y los cuidados domésticos se reorganicen de manera de que la responsabilidad sea dividida entre hombres y mujeres dentro de las familias y comunidades.

Nuestra propuesta para este 8 de marzo es rescatar una perspectiva crítica y colectiva de la sociedad, precisamos esforzarnos en mantener la vida, y ya que es precaria y vulnerable para gran parte del planeta, precisamos encontrar salidas comunes. No podemos seguir reproduciendo disparidades de género y manteniendo este sistema. En este sentido, también luchamos por directrices vinculantes que equiparen la asimetría de poderes entre corporaciones y pueblos, porque entendemos que esto también es promover la igualdad entre hombres y mujeres.  

¡Mujeres en lucha por un tratado vinculante! ¡Las mujeres no somos mercaderías!

Posted on marzo 8, 2018 in Rescate cultural, UDAPT

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